
Desde la creación del mundo como lo conocemos, el océano intenta cortejar a la tierra. Es un bello ritual amoroso que pocas personas tienen la dicha de percibir aun cuando están presentes. Las olas del mar acarician suavemente la arena de la playa invitándola a acompañarlo. Intenta llevarla a sus adentros para mostrarle la belleza que hay en su interior, pero no logra convencerla, se resiste. Es una romántica lucha constante o un amor no correspondido. Un niño, observa anonadado el ritual, a sus nueve años aún no tiene idea de lo que es el amor pero siente que hay algo más allá de aquella isla, esperándolo.
Sus tripas rugen con fuerza haciendo presente el hambre que arrastra. Un cangrejo se pasea cerca de él como burlándose de su situación. Pedrito se muerde los labios imaginando la rica sopa que podría disfrutar con aquel crustáceo, pero su madre le ha dicho que no lo puede cocinar debido a la marea roja. Aquel animal no parece enfermo, todo lo contrario, el maldito no fue como los demás que huyeron al ser liberados, ¡no! este se quedó a mofarse. El niño se levanta harto del baile burlesco, patea con todas sus fuerzas al incitador que termina sumergiéndose en el agua. Una lagrima brota de su rostro, aprieta un puño lleno de coraje, levanta la vista buscando una señal en el cielo.
Su hermana, Jovita, corre a su encuentro. ¡Pico, Te habla mi mamá! Pedrito siempre ha odiado que lo llamen así. Es un apodo que le pusieron por el parecido entre su nariz y el pico de un perico. Jovita no espera la respuesta, corre de regreso a casa. Pico intenta buscar por última vez en el horizonte un barco o un avión que traiga consigo las provisiones que necesitan. ¿Y si se olvidaron que estamos aquí? Nunca nos habían abandonado tanto tiempo. La duda hizo que surgiera otra pregunta en su mente ¿Qué sucedería si en el mundo sólo quedaran él y su familia? El grito lejano de Jovita apurándolo lo saca de su ensoñación.
Antonia no está de humor, se percibe un tenso ambiente en la casa. ¿Te deshiciste de eso? Pico agacha la cabeza y asiente. Yo no los vi enfermos como dices. Antonia se molesta dándole una bofetada. ¡No le respondas así a tu madre! Sus hermanas, Jovita y Lucia agachan la mirada e intentan enfocarse en sus labores domésticas. Rafaela abre la puerta, se dirige a su madre Únicamente encontré unas cuantas papas pero no sé si estén buenas. La tormenta arrasó con todo y encima trae marea roja. Antonia le acaricia la cabeza ¡Gracias hija! por lo menos podemos hacer una sopa de papa. Pico sigue parado como si fuera una estatua de piedra, Rafaela se dirige a él. Dice mi papá que le lleves su navaja y lo alcances en el faro. Al no ver respuesta de su hermano, lo regaña ¡Muévete!
Pico está realmente molesto, se había levantado de madrugada para atrapar esos cangrejos, los tuvo que liberar únicamente porque el mar esta teñido de color rojo y encima tendría que comer ese caldo de papa que tanto odia. Si tan sólo hubiese aparecido la avioneta con los víveres o la tormenta no hubiese acabado con el huerto o no estuviera esa estúpida marea roja o si no vivieran en aquella deprimente isla por culpa de su padre que acepto ese ridículo trabajo de guarda faros. No comprendía como podían tener tan mala suerte. El deseaba una vida normal, tener amigos con quienes jugar, ir a la escuela, hacer las cosas que se supone hacen los niños de su edad. Lentamente prosigue su camino sin dejar de pensar.
Su padre, Pedro, lo espera impaciente. ¿No te dijo Rafaela que te apuraras? Pico hasta ese momento aprieta el paso y corre a entregarle la navaja. Pedro revisa minuciosamente el equipo de pesca que está subiendo a la lancha, Pico lo observa como esperando una explicación, Pedro sonríe al darse cuenta de la curiosidad de su hijo. No quiero comer más sopa de papa, intentare salir a pescar mar adentro. Pico tímidamente pregunta ¿Te puedo acompañar? Su padre le mece los cabellos Por eso te mande a llamar, así que ¡apúrate!
Padre e hijo alistan todo para lanzarse a la aventura. Es tarde para salir a pescar pero es más fuerte el hambre que sienten, aunque no lo suficiente para conformarse con un caldo de papa. Pico ama el mar, es como si fuese una extensión de él, cuando nada, es el único momento en que se siente libre, así como los pájaros lo son en el aire o los peces en el agua. Cierra los ojos, deja que la brisa marina toque su cara dejándose llevar por el momento. Sin darse cuenta la isla ha desaparecido del horizonte pero no aquella mancha roja en el mar. Pedro se ve desesperado, saca su brújula para decidir la dirección a la que navegará, por un instante comienza a desvanecerse su esperanza de encontrar un lugar donde pescar sin peligro. Intenta hacerse el fuerte para no transmitirle sus malas sensaciones a su hijo.
Han navegado por horas sin encontrar un lugar que no esté teñido de rojo. Están exhaustos, al igual que la lancha que en mal momento se queda sin gasolina. Sólo falta una hora para que anochezca por lo que deben de actuar con rapidez. Pedro hace los últimos intentos por hacer funcionar el motor pero es en vano. Mira a Pico para hacerle creer que todo está bien Espero que Rafaela este al pendiente del faro. Busca los remos de la nave pero recuerda que los ha dejado en otra lancha. Se sienta, está enojado, impotente, unas lágrimas escapan de sus ojos. ¡Dios! ¿tan malo soy como para no poder alimentar a mi familia? Pico siente un nudo en la garganta al ver a su padre derrotado. Como es posible que un hombre que siempre ha sido fuerte, ahora este ahí, frágil y derrotado.
Un golpe hace sacudir la lancha de un lado a otro al punto de casi voltearse. Pedro reacciona intentando salvaguardar a su hijo. Lo abraza queriéndolo resguardar de cualquier peligro posible, levanta la mirada y sus ojos brillan de alegría. Se acerca al oído de Pico, le susurra ¡No te muevas, no voltees, no hagas ningún movimiento hasta que yo te diga! Pico palidece al escuchar a su padre, si no giró su cabeza al instante, no fue por falta curiosidad sino por miedo. Pedro le entrega la brújula, calcula cada movimiento, toma la navaja y reptando se desliza por un costado de la lancha, sumergiéndose en el agua con mucho cuidado. Es una serpiente intentando atrapar a su presa.
Un escalofrió recorre todo el cuerpo de Pico al escuchar un violento aleteo, una enorme pluma de color blanco se posa en su hombro. Lentamente gira la cabeza, ahí está, postrado, en el casco de la lancha, un enorme pelícano de mas de dos metros. Un ave imponente, de hermoso plumaje. Tiene sus ojos cerrados como disfrutando la brisa marina, sacude su cabeza de un lado a otro mientras grazna. Pico esta perplejo con la belleza del animal, tanto que se ha olvidado por completo de su padre. El enorme pájaro parece saber que ha encontrado un admirador y luce su escultural cuerpo abriendo sus alas, mismas que en la punta tienen plumas negras, su pico es anaranjado muy grande y ancho. Sus patas son grandes e impresionantes sobre todo por esos cuatro dedos palmeados que son casi del mismo tamaño que los suyos.
Pico ahoga un grito de asombro al ver salir del agua una mano y tomar de las patas al ave que no se da cuenta del ataque hasta que empieza a ser atraída hacia el agua. El pelicano intenta emprender el vuelo, luchando con todas sus fuerzas ante aquel depredador humano que intenta hundirla. El forcejeo es salvaje, la lancha se bambolea violentamente de un lado a otro faltando muy poco para voltearse. Pico se agarra de lo que puede para no caer pero sobre todo para no tirar la brújula que es su boleto de regreso a casa. En el fondo, Pedro y el pájaro están en una encarnizada batalla de vida o muerte, ninguno de los dos cede ni un centímetro. Cualquiera podría decir que la batalla es dispareja dada la fuerza y experiencia del hombre, pero en este caso las fuerzas de Pedro están disminuidas por el hambre y el cansancio, mientras que el animal goza de buena salud, es un espécimen grande y tiene mucha fuerza.
Los pelicanos no son aves salvajes que ataquen, pero al ver su vida en peligro lo hace con violencia, su pico, alas y patas las utiliza cual si fueran armas. No son pocos los cortes profundos que recibe Pedro, de hecho cada minuto que pasa va perdiendo fuerza, mientras que el animal parece empezar a dominar el terreno y la batalla. Las cosas dan un giro cuando el ave golpea con fuerza la cabeza de Pedro. Pico está asustado con la escena, quiere ayudar a su padre pero no sabe qué hacer, queda pasmado al ver como los dos combatientes se hunden en el agua.
Los segundos parecen eternos, el mar ha vuelto a la calma. Pico busca por todos lados a su padre, lo llama a gritos, sus ojos se enrojecen. Su corazón da un vuelco al ver emerger del agua unas burbujas de aire, indicando que alguien ha perdido la batalla. Un gran estruendo interrumpe la escena, en el aire se dibuja una enorme ave de acero que deja caer una enorme caja de madera con un paracaídas a unos cuantos kilómetros de distancia de donde se encuentra. El ganador de la batalla sale del agua de forma triunfal y salpicando todo.