El silencio inunda la habitación, únicamente se escucha un ligero “tic tac”. El recorrido del segundero me recuerda que pronto terminará la calma. Me siento satisfecho, pleno; a la vez, siento mi cabeza revuelta con ideas, emociones y sensaciones. Quisiera apagar el interruptor del cerebro para dejar de pensar y disfrutar plenamente lo acontecido, intento no moverme por miedo a echar a perder el momento. La luz de la ventana me llama, desde mi ángulo no puedo mirar al exterior, me embebo observando unas diminutas partículas que flotan en el aire de forma curiosa, es como si se divirtieran en su caída; aquellas microscópicas cosas no llevan un patrón fijo, caen de forma aleatoria, juegan en su viaje, lo disfrutan, viven el instante. 

Polvo, eso es lo que nos rodea en todo momento. Esa pequeña materia fina es la composición del universo entero. Nosotros mismos estamos hechos de polvo, aquella frase religiosa se viene a mi mente: “polvo eres y en polvo te convertirás” o aquella científica que afirma: “la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma” Me da curiosidad pensar a que pertenece cada una de esas partículas que pululan en el aire; posiblemente se encuentre un fragmento de árbol, un grano de arena de algún mar o posiblemente una pizca de volcán. Las posibilidades son infinitas, pueden pertenecer a algo que en su momento fue enorme o algo diminuto, al final, todo forma parte de una misma dimensión que conforma nuestro cosmos.

Un brazo me toma por sorpresa abrazándome a la altura del pecho, su piel es suave, caliente y tersa. Una sonrisa se dibuja en mi rostro, ella es el motivo de aquel buen humor vespertino, su nombre proviene del hebreo, que significa casa de Dios. No quiero faltar al respeto, pero para mí eso fue lo que aconteció. Su cuerpo me arropó hasta elevarme por los cielos, alcancé el punto máximo del Nirvana, tal como los monjes budistas afirman que es, fui apaleado en diversas formas metafóricas, simplemente, fue un éxtasis indescriptible.

Ella es una mujer cautivante, sofisticada, con una sensualidad que se desborda a su paso. Su sonrisa es única, sabe que solamente necesita eso para rendir a cualquiera a sus pies. Es afable, decidida, simpática, pero, también enérgica, parece saber siempre lo que quiere y lucha hasta obtenerlo. Es una cazadora audaz que gusta alcanzar sus metas sin importar lo difíciles que estas puedan parecer. A veces suele ser impaciente, apurada, impulsiva, es parte de esa esencia que te enamora. Ella lo es todo y nada a la vez, verla llegar es similar a admirar la majestuosidad de una oleada de grandes proporciones que se prepara para impactar en la costa, es una belleza de la naturaleza; estar con ella es vivir, sentir, palpar esa fuerza; al momento en que se marcha, tiene la misma elegancia que la ola que se arrastra de nuevo al mar, dejando tras de sí la espuma impregnada en la arena, un bello recuerdo de aquel momento vivido.

Llevamos algunos años de conocernos, nuestra amistad no ha sido ininterrumpida, han existido lapsos en los que ambos dejamos de saber uno del otro. El tiempo parece no afectarle, al contrario, en cada reencuentro me doy cuenta que lejos de perder cualidades, ha ido adquiriendo todo lo necesario para ser una mujer irresistible. Ella es consciente de ello, sabe manejar sus encantos a su antojo, siempre acorde de las circunstancias, tiene todo lo necesario para ser catalogada artísticamente como una femme fatale.

No me agrada del todo reconocerlo, ella tiene un gran poder sobre mí, solamente basta una palabra para agrandarme u otra para destrozarme por completo. Hemos salido algunas veces a tomar un café y ponernos al día; intento no dejarme llevar por su poder de atracción, recordando en mi mente: solamente es una amiga. Me siento embelesado con su presencia, escucho atentamente todo lo que ella cuenta, eso distrae mis verdaderos deseos; es imposible dejar de ver sus labios sin sentir un impulso de robarles un beso. Me siento un cínico al perderme en su escote y ni que decir de la culpa al desear perderme en sus muslos, sé perfectamente que ella conoce mis intenciones, no dice nada, es un as que juega siempre a su favor. Al final del día no sucede nada, solamente nos despedimos deseándonos vernos algún otro día; la llama se apaga lentamente hasta recibir un nuevo mensaje suyo.

No recuerdo la hora exacta en que entró su llamada, sinceramente no la esperaba. Fue una grata sorpresa escuchar su voz, su mensaje fue directo, sin rodeos: Necesito tomar un respiro, te veo cerca del bar. Pensando que se encontraba mal no dude en ir a su encuentro, en el fondo sabía que, aunque no fuera por ese motivo saldría corriendo a su lado. Ella me recibió con una gran sonrisa, por lo que los malos augurios se disiparon al instante. Es una mujer que siempre está ocupada, maneja varios proyectos, los cuales me fue enumerando poco a poco para soltar su estrés, no es que ella no pueda con todo, simplemente necesitaba un descanso para regresar de nuevo con fuerza.

En el bar, pidió un mojito y yo una cerveza, mismos que nos acabamos rápidamente sin darnos cuenta. Había algo diferente en ella, no era algo físico, sino algo intangible, es como si estuviera más desenvuelta. Es una mujer libre, a la cual no le gustan las ataduras, su esencia siempre fluye libremente por el aire, algo así como una cometa. Nuestra conversación comenzó a fluctuar entre lo que deseábamos y lo que habíamos alcanzado, entre lo cotidiano y lo extraordinario; charlábamos lo anecdótico cuando llegamos a lo erótico, de la nada, de forma espontánea e inesperada nos besamos sin previo aviso, no recuerdo quién tomo la iniciativa, simplemente fue un impulso eléctrico.

Las barreras impuestas se cayeron rápidamente para dar entrada al goce; después de unos momentos de entrega, pausó el encuentro, buscó su celular entre sus cosas, respondió un mensaje, dudó con el teléfono en sus manos sobre qué era lo que debía pasar, levantó la mirada hacia mí buscando una respuesta; ambos sabíamos lo que seguiría, pero no dijimos nada, solamente lo aceptamos de forma implícita, celebramos un contrato con la mirada, lo firmamos con el pensamiento y lo llevamos a cabo con los besos y caricias.

Nosotros no hicimos el amor ya que su corazón pertenece a otra persona, no cogimos porque no fue solamente un impulso sexual intrascendente, no fornicamos porque no somos animales que se dejan arrastrar por el deseo. En cambio, nosotros… “nos echamos un polvo”. La definición puede sonar vulgar, sin dejar de lado que es un tanto precaria para describir lo que realmente vivimos. Intentaré explicar el motivo de definirlo así. Al principio he dicho que hay dos frases que me llaman la atención, la primera: “Polvo eres y en polvo te convertirás”.

Cuando entramos a la habitación, no podía dejar de besarla; desesperados por el deseo, nos quitamos las vestimentas que nos estorbaban. Una vez desnudos, vino la calma, hubo una gran revelación, esa mujer es la galaxia entera, su cuerpo está compuesto completamente de polvo. Su cabello tiene las mismas propiedades que las conchas de mar; sus ojos brillan con la misma intensidad del firmamento, se puede admirar que están compuestos de partículas de estrellas; sus labios, cenizas de una fogata, que a la menor provocación aviva sus llamas; sus senos son moléculas de las montañas más bellas, llenas de vida y abundantes del planeta; su ombligo tiene ese toque mágico y misterioso de lo cenotes sagrados, ahí lancé un beso y recibí un milagro a cambio.

Abrir sus muslos y probar su sexo, fue sentir todo el universo en la punta de mi lengua, fue abrirme a otras dimensiones sin abandonar la habitación. Muchas veces había imaginado verla desnuda, nunca pensé que mi imaginación estuviera tan limitada ante la realidad que ella evoca. Podría arrancarme los ojos, después de ella, ya no hay nada por ver, me mostró el todo y la nada. Su cuerpo es lo más extraordinario en la faz de la tierra, tenerla es contar con todas las riquezas dadas por el planeta entero, poseerla fue sentirme parte del infinito.

El polvo del que ella está conformada y el mío, se sacudieron en fuertes choques de pasión. En cada galope de nuestros cuerpos, se liberaban partículas en el aire; no solo nuestras masas y espíritu se fundieron, también nuestras moléculas, mismas que liberamos en la cama, en el sillón, en la ventana, en el baño, en fin, impregnamos toda la habitación de nuestra esencia. Lo hicimos de todas las formas habidas y por haber, cada postura, cada lugar, cada gemido, cada abrazo, cada penetración, liberaba grandes cantidades de átomos.

Pareciera no ser suficiente un poco, siempre íbamos por más; siempre al ritmo que ella marcaba, no queríamos terminar, pero todo tiene un gran final. Un gran suspiro, besos y caricias determinaron la clausura del evento, sus ojos se cerraron para descansar un instante. No puede hacer lo mismo por toda la adrenalina acumulada, no podía creer que por fin pude tenerla en mis brazos, hacer realidad un sueño húmedo.

Para algunos puede ser considerado este acto como un polvo entre amigos, una travesura o un gusto erótico, algo insignificante que solamente sirvió para desahogarnos y darle alegría a nuestros cuerpos. No se mezclaron los sentimientos, seguramente ella se vestirá en cualquier momento y se irá a los brazos de otro. En cambio, yo seguiré mi camino con una sonrisa en los labios y un bello recuerdo para esas noches de soledad. El mundo no habrá cambiado, el río seguirá su curso y el tiempo su camino, aun así, hay algo que me inquieta.

La materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma” Quiero pensar que aquel polvo sexual no fue un acto intrascendente, aquellas partículas que flotan en la ventana son gracias al resultado de nuestra acción. Ese acontecimiento ha quedado encapsulado en diminutos fragmentos que guardan celosamente nuestro secreto para sí mismos, su polvo y el mío se cortejan independientemente en la habitación, algunas parejas se mezclarán en la alfombra, otras se irán por la coladera del baño y otras huirán por la ventana para juntarse con otras pizcas de algo. De nuestro polvo surgirá una flor, una laguna, o algo más complejo como un ave, ambos somos dioses creadores, de nuestro polvo insignificante surgirá algo, sin embargo, una vez que ella despierte solamente quedará preguntarme: ¿Será acaso este, nuestro primer y último polvo?

Un elemento ajeno a la atmosfera se hace presente, empieza siendo un sonido quedo, va subiendo su intensidad. Ella despierta, busca desesperadamente su celular entre los escombros de la batalla, cubre su cuerpo con las sabanas, recoge sus ropas para adentrarse en el baño mientras responde. Sabía que esa tranquilidad no sería eterna, valió la pena cada segundo que duró, el torbellino de sus labores la espera, no se puede mover a su paso sin ella, seguramente la llamada es del trabajo… quiero pensar que es eso. De nuevo su poder de atracción me revuelca, intento calmarme, me repito: ¡Solamente fue un polvo, nada más!

Una fuerza interior me exige intervenir, hacer algo. No tengo la menor idea, todo está revuelto en mi cabeza, debo de encontrar las palabras precisas para este instante, todo es confuso, oscuro. ¿Siento algo por esta mujer?, o ¿acaso solamente es aquella fase post sexual en la que te sientes enamorado? Quisiera poder moverme con la misma libertad de las partículas que hay en el aire, ellas no piensan, actúan, se divierten, a pesar de ser un elemento exánime, tiene más vida que yo; esas pequeñas moléculas parecen gritarme, exigirme que de una vez por todas sea hombre, que me levante, la bese y no la deje marchar.

Hay elementos que nacieron para estar en constante movimiento y otros para permanecer en reposo. Ella sale de la habitación con prisa, como si la vida se le fuera en ello, abandona el cuarto sin regalarme de menos una mirada, su momento de sosiego parece estarle cobrando factura. Mi presencia pasa desapercibida en su camino, no soy nada, solo seré a lo mucho un instante o una anécdota. Mis palabras cargadas de sentimiento, el valor para actuar, todas esas expresiones que había planeado, quedan volando, igual que aquellas partículas; soy un hombre reducido a polvo, un ente exangüe.

Intento hilvanar los fragmentos de historia para comprender lo acontecido, se puede decir que fue un día de victoria al haber obtenido lo que tanto deseaba, tenerla entre mis brazos había sido un sueño, un anhelo, una fantasía erótica, exótica y romántica, sin embargo, no logro comprender el sentirme derrotado. Gané y aun así siento las manos vacías. Mi teléfono anuncia la llegada de un mensaje: ¡Gracias por todo! Disculpa que no me haya despedido, pero alguien aguardaba por mí. Espero verte pronto y por favor… ¡sorpréndeme!… Al suspirar puedo observar algunas partículas volar por el aire. Nuestros cuerpos se han separado, pero algunos fragmentos seguirán unidos mucho tiempo en el universo, todas las partículas de mi cuerpo se unen de nuevo, ahora soy un hombre victorioso y feliz.

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