No tengo idea si existirá una remitente real para estas líneas que escribo. De hecho, a veces dudo que esa persona realmente vaya a existir, ya que me encuentro sumergido en el profundo vacío de la soledad. Aquel lugar donde todo parece tan oscuro e incierto. Posiblemente esta alineación de palabras, solamente pululen sin rumbo fijo en el vacío de la eternidad, viajando por todo el orbe igual que las nubes en el cielo o tal vez únicamente como hojas secas de otoño. Quiero creer que estos versos llegarán a ella en el momento exacto en que deben de acontecer los hechos, que tendrán el efecto deseado… solamente es un deseo que puede que no se cumpla.

Hay quien piensa que estoy loco cuando les hablo de ti, pero sobre todo por escribirte. Por atreverme a contactar contigo desde ahora. Dicen que tengo mucha imaginación. ¡Siento lástima por aquellos que me juzgan! no entienden que el mundo se hizo para las personas que se atreven a hacer cosas diferentes; así como tú y yo que somos personas hechas para volar. Dos almas libres que no conocen las barreras o los límites, siempre buscando avanzar. Tengo la certeza que eso será el pilar fundamental de nuestra relación.

No tienes idea del tiempo que he invertido mirando el monitor de la computadora, observando fijamente ese maldito cursor que no deja de parpadear, como si estuviera apurándome para terminar de completar las oraciones, vocablos o de menos plasmar alguna letra, No comprende que intentó encontrar las palabras precisas para conquistarte, para generar una excelente primera impresión. No creas que estoy obsesionado con los detalles, solamente intento hacerte sentir cómoda porque valoró tu importancia, por ello, es que pongo especial dedicación a todo lo que tenga que ver contigo.

Si te soy sincero, no tengo la más mínima idea de cómo eres físicamente, mejor dicho, no quiero visualizarlo para no cerrar posibilidades o no generar falsas expectativas que me distraigan en mi búsqueda. Hay días en que te veo como una hermosa mujer de larga cabellera pelirroja, mejillas rosadas y algunas pecas inocentes en tu rostro. Otros días pienso que eres una mujer fogosa, morena y apasionada como ninguna otra o posiblemente seas una princesa rubia de las que se encuentran en los cuentos infantiles. No me importa si eres bajita o alta, sin ir a más, creo que son cosas banales, para mí eres perfecta de pies a cabeza, tal y como eres en este momento y como lo serás cuando nos conozcamos.

Ayer en la tarde, mientras me ejercitaba en el parque, mis pensamientos estaban más alborotados de lo normal, como si estuvieran avisándome que por fin te encontraría. Te busqué en los esculturales cuerpos de las chicas que se encontraban ahí, en cada hermoso rostro; desgraciadamente, encontré estuches vacíos, ninguno era el adecuado para mi corazón; seguramente ellas pertenecen a alguien más, con ninguna pude sentir esa inexplicable conexión con la que sabes que estas con la persona indicada.

Me sentía decepcionado por no encontrarte, es triste terminar el día con el corazón vacío. De camino a casa, rememoré cada una de las veces en que creí encontrarte o posiblemente te encontré y aun no me he dado cuenta o no he tenido el valor suficiente para alcanzarte.

La primera mujer que vino a mi mente, fue aquella que conocí en la fiesta de fin de año de la empresa. Llevaba un hermoso vestido rojo que acaparaba todas las miradas, bailoteaba libremente en la pista, siempre con una gran sonrisa en los labios; desgraciadamente no tuve el valor para invitarla a bailar, de hecho, cada que la encuentro en los pasillos del trabajo, no puedo más que esbozar una estúpida sonrisa, sin que se me venga a la mente algún tema de conversación con el cual poder conocerla mejor. Seguramente es un auspicio para indicarme que no es el momento de conocerte o tal vez no eres tú.

Un poco más descabellado, pero no lo descarto, es que fueras la mujer que se sentó a mi lado en la jardinera de la Cineteca Nacional. Una dama de pelo lacio, negro, una boca pequeñita, sensual y coqueta, ojos rasgados, casi soñadores y como olvidar ese olor a fresas que desprendía. Ambos esperábamos a nuestras citas para entrar a ver alguna película. Lo supe porque ella fue quien inicio la plática al preguntar por la hora, de ahí se fue entretejiendo una entretenida conversación. Su nombre era Alejandra, esperaba a su amigo que la pretendía desde hace un tiempo y que hasta ahora, se había decidido en darle una oportunidad. Por mi parte, esperaba a una amiga a la cual pretendía, lo curioso es que no solamente coincidíamos en ello, sino que además a ambos nos dejaron plantados en el mismo día, hora y lugar. Ambos nos nublamos por el desaire de nuestros compañeros, al grado que, sin darnos cuenta, nos fuimos cada quien por su lado sin volver a cruzar alguna palabra.

La otra mujer donde creí encontrarte, fue la chica del metro Balderas. Era una tarde de lluvia, estaba completamente empapado cuando entré al vagón abriéndome paso a empujones. Había tenido un día terrible en el trabajo, pero todo se iluminó cuando la vi, llevaba puesto un impermeable amarillo y botas negras. Aunque si soy sincero, lo primero que me llamó la atención es que tenía en sus manos un libro de Charles Bukowski, “El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco”, me dio gracia porque era el mismo libro que estaba leyendo y el cual traía conmigo en la mochila. Ella se dio cuenta que la observaba, era un poco imposible no hacerlo, un tanto por su belleza, otra por el interés y una gran parte porque íbamos como sardinas en aquel convoy y era casi un reto poder moverse unos cuantos centímetros. No me atreví a hablarle por miedo a que pensara que era uno de los tantos acosadores que deambulan en el metro, finalmente descendió en la estación Potrero y no la volví a ver nunca más.

No quiero que pienses que soy alguna clase de perdedor que no puede entablar una conversación con las mujeres, soló que en algunos casos me paralizó, entro en alguna clase de shock que no me deja avanzar.

No desacredito la posibilidad de que ya te conozca, que hayas sido una de las tantas mujeres que han transitado por mi vida y a las cuales les he entregado mi corazón. Puede que seas la chica que traía consigo el mar o probablemente solamente seas una sombra, un microchip o una partícula de polvo. Puedo afirmar que no estoy obsesionado con mis ex parejas, a todas las he querido demasiado en su momento y cada una es especial en todos los sentidos.

No sé cómo sea tu situación sentimental en este momento, puede que seas soltera y estés buscando alguien con quien compartir las noches de fines de semana, comiendo tacos al pastor y viendo algunas series o películas en Netflix. Tal vez en este momento estas con alguien y no se te cruza por la cabeza mi existencia, te sientes querida y plena. Otra posibilidad es que probablemente vives en una relación toxica de la cual quieres escapar, prometiendo no cruzarte con un hombre igual. Lo digo sinceramente, lo único que espero es que estés disfrutando la vida, que la vivas a cada instante con cada una de las personas que se crucen en tu camino.

En verdad me encantaría que te gustara el cine y la literatura, para poder pasar horas o días viendo películas, que me recomiendes libros y yo te dedique miles de historias. Que te guste el mar y los autos deportivos, para escaparnos juntos por la carretera a algún centro turístico en la playa. Que ames tanto como yo los taquitos al pastor y la cerveza bien fría. Que te encante el sexo para desencadenar desenfrenadas noches de pasión. Aunque pensándolo bien, no es necesario que todo ello te guste o que tengamos los mismos gustos, a veces, la compatibilidad nace de la diferencia. Como dice aquel precepto de física “polos opuestos se atraen”.

Probablemente te guste bailar y a mí no, pero por ti, ahora si pondré todo de mi parte para aprender a bailar adecuadamente; tal vez te encante el ejercicio y me obligues a ser más disciplinado o tal vez te guste recorrer los centros comerciales para comprarte ropa, aun y cuando sabes que no me gusta ello, siempre te acompañaré.    

Sería curioso que en vez de conocernos primero en persona como los cánones de la lógica dictan, lo hiciéramos por medio de este escrito. Que fuera como aquellas luces de bengala de emergencia que disparan los náufragos para dar su ubicación y ser encontrados. Dos personas se encuentran después de un llamado de emergencia para no morir de desamor. Aunque también existe la posibilidad de que ni siquiera leas esto, que me conozcas por azares del destino sin que sepas mi gusto por la escritura. Soy un tanto patético queriendo calentarme con la esperanza de algo que tal vez no suceda jamás.

No puedo prometerte una relación perfecta porque esas cosas solamente existen en los cuentos incompletos, ni te voy a vender la idea de que no tengo defectos. Debo de advertirte que suelo tener mal humor, ser un tanto nefelibato y taciturno, por lo que es un tanto difícil distinguir si estoy enojado o simplemente ando divagando en un mar de ideas o reposando en la nada. A veces soy un tanto cerrado a explorar nuevas cosas, por ejemplo: nuevos alimentos; aunque a veces finalmente termino cediendo poco a poco. Soy un tanto testarudo, pero con paciencia puedo ser diferente. Me gustara mimarte y aunque no lo diga, también me gustaría que tú lo hagas conmigo. Puedo ser una persona transparente, siendo a veces excesivamente franco y me gustaría que también lo fueras. Es un poco tonto pensar en esas cosas, pero es una manera de presentarme ante ti, y prometerte que haré todo lo posible, todo aquello que este en mis manos para que vivamos juntos una experiencia inigualable.

Tengo muchas ganas de conocerte, de pasar horas platicando contigo todo aquello que hemos vivido en nuestras vidas, darte mis mejores besos y apapacharte con abrazos cuando te sientas mal o cuando quiera que sepas lo mucho que te quiero. Desgraciadamente, eso aún no sucede y sabe Dios si algún día sucederá. 

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