
La última gota del elixir embriagante ha recorrido con desgano mi deplorable paladar, se perfectamente que el alcohol no ayuda a olvidar los oscuros recuerdos, pero es un método eficaz para sobrellevar este lacerante recuerdo de tu ausencia. No miento si te digo que te busco desesperadamente en los recovecos de la resquebrajada pared de mi habitación; en cada milímetro del suelo, en el frió techo y en los claroscuros que se forman en el cuarto donde he perdido la noción del tiempo. Me han afirmado que tu no existes y que nunca lo hiciste, solamente fuiste parte de un episodio producido por un delirium tremens o de mi insalubre imaginación, pero, sé perfectamente que no estoy loco, si lo estuviera, ¿cómo podría yo crear a alguien como tú?… una mujer fuera de todo convencionalismo, tan intangible, original… tan tú.
Estoy consciente que sueno como un estúpido cuando le cuento a los demás mi situación, ello puede sonar demasiado fantástico, incoherente o insano; comprendo que se burlen ¿cómo van a entenderme? si nunca les ha sucedido algo igual, ¿cómo van a tener empatía con una situación nunca antes vivida? ¿Quién sería capaz de comprender que me enamore de una mujer sombra? He explicado hasta el hartazgo que no se trata de un amor hacia una sombra como tal, no estoy enamorado de mi propia proyección visual, ni psicológica, ni tampoco de la de alguien más. Fui tocado por una silueta con vida propia, personalidad, voluntad, alguien que no es una proyección de algo más, sino algo completamente independiente… Lo sé, todo esto suena, a veces, a una simple anécdota de un alcohólico con imaginación, pero, no me retracto de mis afirmaciones. ¡Ella existe! aunque ahora ya no está en mi vida y posiblemente nunca más lo este.
Todo inició en el lugar menos esperado, suena trillado ¡lo sé! como aquella frase que dice que las mejores cosas pasan en los lugares menos esperados. En este caso, fue en una conferencia aburridísima de constitucionalismo liberal, desde el dogma clásico hasta el modernismo, aún no recuerdo cómo es que terminé en aquel lugar, posiblemente fue por el cóctel que se ofrecía en la clausura del evento, aunque lo dudo, ya que siempre sirven vino corriente para ahorrar costos. Lo más seguro es que haya sido por la obligación de la asistencia para pasar alguna materia; de lo que sí estoy seguro, es que me encontraba aislado, de forma literal y figurativa, no deseaba estar ahí, como tampoco deseaba convivir con alguien, simplemente quería ser uno con la oscuridad que reinaba en el ambiente, un espectador silencioso, casi invisible.
Algo se empezó a mover en el lóbrego auditorio, sus pasos eran imprecisos, indeterminados, como si le costara trabajo seleccionar un lugar. Lo que más sobraba en aquel lugar eran butacas, sin embargo, ella se postro a dos asientos de mi lugar. Evidentemente en el sitio más aislado de la sala. Mentiría si les digo que la admiré en ese momento, que me deslumbró o cosas por el estilo; todo lo contrario, fue molesto, ya que, deseaba estar solo. Voltee violentamente otorgándole una mirada inquisidora, intentando incomodarla y de esa forma hacer que cambiara de lugar, pero, lo único que alcancé a percibir fue una oscura silueta de una mujer ensimismada en la cátedra de la exponente. Ni siquiera había notado mi presencia, para ella yo no existía en ese instante, fue ahí que me sentí estúpido al molestarme por una tontería, así que me sumergí de nuevo en mi deprimente mundo. Los recuerdos se disipan al intentar rememorar como es que nos hablamos, como es que ese día llamó mi atención o como es que quede prendado de ella sin conocerla, aunque sea un poco, sin siquiera de menos recordar su nombre.
Después de aquel día, perdí todo rastro de ella, ¿cómo buscas a alguien a quien no recuerdas bien cómo es o cuál es su nombre? aun así tuve el atrevimiento de hacerlo, indagué por todos lados, aunque era como si la tierra la hubiese devorado. Llegué a pensar que ella solamente era un sueño, un simple espejismo que se apareció en un episodio de profunda soledad. Fue una sombra que se fundió con las miles de siluetas que a diario pululan por los pasillos y salones de la universidad, aunque esa mujer no era una más, ella era especial y por eso debía de encontrarla.
Estaba a punto de diluirse toda esperanza de encontrarla, cuando de pronto apareció, irónicamente en el lugar más visible, siendo que ella era el centro de atención de todas las personas reunidas en la plaza principal de la escuela. Llevaba puesta una careta de mujer apasionada, alegre, decidida, he de decir que contagiaba con la energía que desprendía; era un pequeño sol iluminando a todo el público que se deleitaba con la obra teatral. Por un momento dudé que realmente fuera la mujer sombra que conocí, se veía diferente, algo difícil de describir; desgraciadamente, solamente bastó un parpadeo para perderla de nuevo. ¿A dónde has ido mujer sombra? La perdí, pero no me sentía con las manos vacías, ahora tenía la seguridad de que en verdad existía y eso me motivaba a buscarla con mayor añico.
Es difícil armar el rompecabezas en que se han convertido mis recuerdos. Intento rememorar si fui yo quien la encontró o ella me encontró a mí, no logro visualizar esos detalles; de lo que si tengo certeza, es que desde ese momento supe que no la iba a dejar escapar de nuevo o al menos ese era mi deseo. Ella es un ser superfluo de la naturaleza, viaja libremente, lo que la hace ciertamente intangible y a la vez omnipresente; es un ser libre, un espíritu que no le pertenece a nadie, que aparece y desaparece a su conveniencia, deslumbrando a los hombres por momentos con su compañía y cuando se harta, se fundé en las penumbras para no volver a ser vista. Para mí buena fortuna, eso no sucedió, después de algunos días, la pude conquistar.
Intento cerrar los ojos y verla, recordarla tal cual es, pero no puedo vislumbrar más que una profunda opacidad. Es algo difícil de explicar, como si hubiesen sido removidos sus rasgos físicos o superficiales, en cambio, solamente me queda su esencia. Aquella mujer es un ser que contiene en su interior oscuridad, ello no significa maldad, más bien, ella encierra en su alma la negrura de su pasado y su presente. Su dolor es tan inmenso que doblaría hasta la voluntad del espíritu más fuerte, su enojo es iracundo e incontrolable y tiene una profunda tristeza que deprimiría hasta el más sabio budista. A pesar de ello, ella siempre parece estar feliz, acepta ese pasado como una parte más de su cuerpo, y no pierde la oportunidad para hacer reír a las personas a su alrededor con sus chistes, sus anécdotas o sus ocurrencias.
Ella tiene todas las herramientas para destruir a un ser humano, pero, lejos de ello, es la persona más humana y sincera que haya pisado esta tierra. Es un alma caritativa que viaja por el mundo haciendo pequeños cambios. No puedo olvidar aquella vez que me contó que siempre escogía a sus amigos buscando a aquellos a los que los demás rechazaban; ella siendo tan hermosa, popular e inteligente, acogía a todos aquellos desamparados, rechazados o abandonados, aquellos faltos de esperanza, y lo hacía para darles un poco del cariño que les faltaba, les daba una oportunidad para que creyeran en la vida. Como voy a olvidar sus nebulosos ojos, si cada que los observaba me veía reflejado, en ella se manifestaba mi pasado, mis locuras, mis errores y mis encantos, ella a veces parecía rememorar esos años maravillosos que quedaron atrás, pero solamente eran especulaciones mías, ella era diferente, alguien con más estrella.
Es una mujer sombra porque igualmente actúa como un reflejo, si tú la quieres ella te querrá, pero si la molestas ella también lo hará. Muchas personas no saben querer y al recibir lo que dieron, la terminan juzgando como malvada, oscura, cuando en realidad no lo es. No le importa dar lo que tiene con tal de ver bien a las personas que quiere, dice ser egoísta pero no tiene nada de ello, es ambiciosa pero también es generosa. A ella no le disgusta ser una sombra, de hecho, es feliz siéndolo, de esa forma siempre oculta sus verdaderos sentimientos, sus problemas y sus frustraciones. No le gusta que la vean como una persona delicada, ya que ella es toda una amazona, ni tampoco ser el centro de atención, al contrario, a ella le gusta simplemente estar ahí, sentirse parte del grupo, pero nada más.
Nuestra relación estaba llena de contrastes o eso es lo que recuerdo. Ella representaba la juventud, la dinámica y la inexperiencia, mientras que por mi parte era la decrepitud, el cansancio y la experiencia. Ella, a pesar de ser una sombra, iluminaba mis días con su luz, mientras que yo me resguardaba en la oscuridad; a veces se invertían los papeles y me tocaba rescatarla de aquellas sombras que la perseguían, con cierta ternura solía protegerla con mi calor.
A pesar de que colocó estratégicamente mil barreras para impedirme conocerla, me colé hasta lo más íntimo de su penumbra; lejos de asustarme con sus demonios, la acepté y la quise como tal ¿cómo no iba a hacerlo? ¡si ella es simplemente maravillosa! es un regalo de la vida que vaga por el mundo, casi imperceptible para algunos, insignificante, pero no tienen idea de la grandeza que guarda. Ella me abrió su mundo, su corazón y su cuerpo, se entregó por completo, aunque seguramente ese fue el principio de un desastroso final. Finalmente ambos fuimos devorados por la maldita oscuridad.
Encuentros y desencuentros fueron desencadenándose, más vacíos en mi memoria… Ella desaparecía a ratos, como ahora lo hace en mis recuerdos, otras veces, era yo quien me ausentaba, me sentía tan distante, tal como ahora… que ya no está. Sé perfectamente cuál fue el detonante de la destrucción, o mejor dicho, creo saberlo, ya que es algo que he borrado gracias a la constante cogorza para no pensarla, para no recordarla, para no sentirla. Finalmente, fue algo que nos hizo perder la sintonía, el ritmo que hacia funcionar nuestras diferencias, cual si fueran engranes, todo se salió de control, empezamos a caer en la frialdad de la monotonía, el desajuste de nuestros planes futuros, todo concluyó en una batalla en donde nos hicimos bastante daño. No un detrimento físico, sino psicológico y hasta cierto punto espiritual. Había tiempos de tregua donde aprovechábamos para curarnos las heridas, momentos de paz en donde queríamos creer que las cosas podían volver a funcionar, pero bastaba un pequeño detalle para regresar a las hostilidades.
Fuimos carcomidos por la penumbra, por nuestros propios fantasmas, y ya no pudimos ayudarnos a no caer en ese abismo, dado que nosotros éramos los causantes de dicho perjuicio. Muchas veces me partía el alma verla tan mal, ver como aquellas sombras que antes estaban en su interior ahora salían descontroladamente, me sentía mal sabiendo que posiblemente fui el responsable de liberarlas con mis tonterías, me siento culpable, ya que fui marchitando aquella joven flor, aunque por otro lado, sus acciones también me fueron apagando, destrozando, llenándome de rabia. Nunca había experimentado el amar y odiar a una persona al mismo tiempo y con la misma intensidad, es como querer tomar con las manos desnudas un hielo seco, el cual es helado y a la vez caliente.
El resentimiento, es una oscuridad que te va enfermando, te consume la vista y la razón, agonizas lentamente al sentir como todo tu ser se va pudriendo por dentro, y es cuando se toman las peores decisiones. Deshacerme de ella, era lo más sensato, o eso pensaba a diario, debíamos de dejarnos para siempre, seguir cada quien por su lado. No puedo olvidar el momento en que ella notó mis intenciones, se quiso aferrar más, se me pegó más que mi propia sombra, me quiso abrazar con sus largos brazos, me suplicó que no la abandonara, pero no fue suficiente para retenerme, estaba completamente decidido y finalmente ella lo aceptó, después de haber intentado varias veces en vano. Finalmente, ambos nos fuimos perdiendo lenta y dolorosamente, ella se fue ausentando pausadamente como esperando a que la detuviera, como iba a hacerlo si fui yo quien tomó la decisión, decidí refugiarme en la calidez de una botella de alcohol para olvidarla, para sanar mis heridas, para dejar de ver a aquella mujer sombra que se fue perdiendo entre las sombras de la fría ciudad, disipándose entre los muros de mi memoria y llevándose consigo lo poco que quedaba de mi marchito corazón.